| El Camino y... La Virgen de Ronda |
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| Post publicado por Beatriz | |
| miércoles, 04 de abril de 2007 | |
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El próximo 8 de abril, domingo de Resurrección, el Camino de Ronda se llenará de Carpeños: empadronados o nostálgicos, octogenarios y neonatos, gozosos o aliquebrados, por fe o por tradicion, descendientes del pueblo y adoptados... La Virgen, llegará con prisas desde el antiguo poblado de Ronda (tierra de templarios y visigodos), como hace desde hace muchos años, cuando las epidemias obligaron a abandonar esas tierras y crearon un nuevo pueblo: El Carpio de Tajo.
Puede que EL CAMINO DE RONDA sea una de las vías mas transitadas en nuestro pueblo. Recorriendo los cuatro kilómetros que separan la plaza de la ermita nos encontramos gente de lo mas variado: grupos de personas haciendo la ruta del colesterol, niños que sacan sus bicicletas a pasear, carritos de bebé recibiendo un baño de sol, mujeres que hacen el novenario, parejas de novios que salen de paseo, deportistas con apenas aliento para saludar y finalmente, devotos de la Virgen que la visitan como aquellos que viven en la ciudad y pasan por el pueblo para “dar una vuelta a sus padres”.
“El camino de Ronda, - dice mi madre - ha cambiado mucho. Antes era más largo, porque rodeaba barrancos que después se taparon ”. Yo esto no lo puedo asegurar porque no lo he visto, pero es muy posible que sea cierto. Lo digo porque durante mi estancia en este mundo he visto convertirse el basurero en parque y la tierra del camino en asfalto. También he visto que se ha hecho más ancho en algunos tramos y que ha desaparecido esa zona en la que te entraba un poco de mareo porque veías agua por los dos lados del camino.
Lo que a mí realmente me gusta del camino es el paisaje. A veces hay gente de la capital que me ha dicho “ Pero si Toledo es un desierto”. Puede que esa persona haya viajado mucho. Que haya conocido muchos bosques como salidos de cuento. Que haya visitado climas mas húmedos donde crece abundante vegetación... Pero para mí es como esa persona que encamina su vida buscando con gran ambición algo que la llene, sin darse cuenta, que la felicidad está en las cosas pequeñas.
El camino de Ronda está rodeado de cerros. Los cerros parecen tapados por un gran edredón que hubieran cosido miles de manos de mujer con incontables trozos de tela del mismo color y distintas tonalidades. Distintas tonalidades de amarillo, distintas tonalidades de verde, distintas tonalidades de ocre, salpicado por infinitos remiendos de colores... el edredón se va cambiando a lo largo del año.
Cada época tiene su encanto, pero mi favorita es: la de los almendros. Los almendros florecen como grandes bolas de algodón, sorprendiéndonos en cada recodo del camino, como pequeños milagros después de un frío y gris invierno, como trozos de mármol adornando un decorado, como delicadas nubes que hubiesen bajado desde el cielo, como damas vestidas de blanco descendiendo por una vereda, como los primeros dientes de leche de un niño.
La flor del almendro suele ser blanca, como si una caprichosa nevada hubiese caído sólo encima del árbol, otras veces aparece con un tímido color rosado, como el color de los ángeles en los cuadros de pintores barrocos.
Al contemplar un campo de almendros recuerdo siempre esa leyenda que envuelve a un castillo rodeado de estos árboles hasta el horizonte. Cuentan que en ese castillo, situado al sur de España, vivió un “rey” moro desposado con una cristiana del norte de Castilla. Ella, sentía nostalgia de la nieve que rodeaba en invierno las tierras que la vieron nacer. Él, perdidamente enamorado, mandó plantar todos los alrededores del castillo de almendros, y así ella, poder contemplar el paisaje, envuelto por un manto blanco, al menos unos días al año.
El sutil perfume del almendro nos avisa de que llega la primavera, de que el campo se llenará de rabanillos, de amapolas, de zapatitos de la virgen, de canastillos de la virgen, de tetas de vaca, de picos de tordo, de margaritas, de lirios, de olivos en flor... Es como el pistoletazo de salida en una carrera hacia el buen tiempo, hacia el estío, hacia los interminables atardeceres naranjas que adornan el camino en verano. Todos los años se repite y todos los años me sorprende...
... El día grande del camino debe ser sin duda alguna el Domingo de Resurección, que es cuando se trae la Virgen. Ese día es vivido con mucha emoción por gente del pueblo y de fuera, que se quedan maravillados al ver como la Virgen se acerca corriendo al pueblo. Hay mucha gente que se debe preguntar qué hay detrás de todo esto qué significado tiene, qué origen. Seguramente muchos lo conocerán, pero desde aquí me permito recordarlo a los que lo conocen y descubrirlo a los que no.
Para conocer el origen de la tradición hay que remontarse mucho tiempo atrás, hay que remontarse a cuando el mismo pueblo ni siquiera existía. Porque antes de que existiera este pueblo, existía el pueblo de RONDA y de ahí viene nuestra Virgen. Parece ser que durante la ocupación de los árabes de las tierras de Ronda se sucedieron duros enfrentamientes entre las dos culturas. EL TAJO actuaba de frontera natural entre ambos bandos. Los pueblos de la comarca se unieron encomendándose a la Virgen para resistir y defenderse de esos duros enfrentamentes bélicos y sagueos que padecían. De ahí vendría que la gran devoción a la Virgen sea factor común entre nuestro pueblo y los vecinos. Sobre 1085 la zona fue definitivamente reconquistada.
Pero el pueblo de Ronda estaba situado en un lugar insano, al lado del río, soportando sucesivas plagas que mataban a sus niños. Fué necesario abandonar el pueblo y empezar de nuevo. Se eligió un lugar con abundante agua, lejos del río y situado en cerros, donde el aire se limpiaba a menudo. Sin embargo no debió ser fácil, para los habitantes del nuevo pueblo. Abandonar sus casas, sus tierras... Y la Virgen también quedó allí, en la antigua iglesia parroquial del poblado de Ronda, su morada a lo largo de los años.
La devoción a la Virgen debió estar siempre sustentada por una cofradía que organizaba el culto y cuidaba de todo lo referente a su imagen y al santuario. Es lo que sería la actual HERMANDAD DE LA VIRGEN DE RONDA. Esa Hermandad primitiva , debió instaurar el domingo de Resurección como el día que todos los años vendría la imagen de su Virgen al pueblo, a su pueblo.
Suponed pon un momento lo que significaría para los primeros habitantes de El Carpio provenientes de Ronda, la venida de la Virgen de su antiguo pueblo. Aquella imagen que les había acompañado en saqueos, plagas, hambrunas, sequías, enfermedades... Envolviéndoles la nostalgia de su antiguo poblado de Ronda, de sus casas y calles ahora vacías. ¿no saltarían sus corazones ante tanta emoción contenida? ¿No recibirían a la Imagen como parte de su pueblo ahora abandonado, de su historia, de sus recuerdos, de sus familiares enterrados en Ronda, como parte de sus vidas? ¿No entraría la Virgen con prisa al pueblo, sostenida por los hombros de aquellos que tanto la añoraban?
Es increible que la gente aún hoy se emocione al verla, que llore, que se llene de alegría, sin saber muy bien por qué. La devoción a la Virgen es la herencia más palpable que nos han dejado los primeros moradores del Carpio.
Beatriz Ruiz Ludeña
Mi agradecimiento a D. Santiago Zamora, párroco del Carpio de Tajo Este artículo apareció en el Nº 6 de la Revista: "Amigos del Carpio", en octubre del 2005
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