| Hasta Siempre |
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| Post publicado por Ricardo Plaza | |
| martes, 02 de marzo de 2010 | |
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“La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral” José Vasconcelos. Político, pensador y escritor mexicano.
Todo tiene su fin. Y después de todos estos años de trabajo y de salvar numerosos obstáculos, gracias al empeño de Carlos Javier (perdona Julito, se que no te gusta ser protagonista, pero es la verdad, sigue así) y a su entusiasmo que infundió a un grupo de carpeños la idea de dar a conocer la obra Carpio de Tajo.
Las primeras representaciones en el pueblo y en Talavera nos demostraron que el año de ensayos había valido la pena. Y sobre todo, que ya éramos como una familia. Aquí salvamos el primer obstáculo, en este caso representado por uno de los más “graciosos” del pueblo: El turista que, demostrando su “entusiasmo” con la causa, se fue hacer turismo el mismo día de la segunda representación en el pueblo sin previo aviso y dejándonos con dos palmos de narices. Después del ataque de nervios colectivo, y con solo cuatro horas, antes de que se alzara el telón, tuvimos que echar mano de la ventrilogia. Ahí estuvo Pablo, con su voz entre bastidores, y Richi, con su ánimo y sus dotes interpretativas, hasta ese momento ocultas (nunca te lo agradeceremos lo suficiente), que nos sacaron del atolladero.
El año 2007 nos brindó un nuevo reto: Representar la obra en Madrid (esta peripecia ya la he escrito por ahí, así que no la voy a repetir). Pero sí tengo que decir que, como no podía ser de otra manera, aparecieron nuevos obstáculos, esta vez comprensibles:
El primero fue que la mendiga se hizo rica, pero en este caso, todos entendimos que el cambio social era para mejor. Lo solucionamos buscando a otra mendiga (que en los tiempos que corren nos resulto sencillo) y así, “tan ricamente” tiramos pa´lante.
El segundo fue más peliagudo, pues topamos con la Iglesia (que, por otro lado, en estos tiempos es bastante normal). Aquí nuestro curilla engañó a la Roja con una señorita de la alta sociedad. Visto el paralelismo con la mendiga, como también era para subir en el escalafón social, lo dimos por bueno. Aquí sí tuvimos problemas para encontrar otro cura dado la escasez de éstos. Se solucionó haciendo un lifting al boticario y quedó la mar de aparente.
Como se habrán dado cuenta, después de todos estos cambios, a nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido seguir adelante, pero lo tomamos como un nuevo reto y decidimos continuar. Esto supuso estar prácticamente medio año ensayando. Nos reforzamos con nuevos elementos: Elena (que pasaba de maquillar a las chicas a hacer de mendiga en un “pis-pas”); Mª Cruz, Juan Julián, Ángel, Marco, Toñete y Fede. Espero que lo hayan pasado bien con nosotros. Pero valió la pena.
En esta última etapa hemos representado la obra en Illescas gracias a Toñete. El empeño de Jorge Moreno nos llevó a Toledo, al mismísimo Teatro de Rojas (estar en ese lugar ya casi vale todo el sacrificio). Al amigo Ramiro le hicimos una faena, pero nos perdonó, y su afán de ver a sus paisanos en su barrio propicio la actuación en Leganés.
El final de esta historia y última representación de la obra, fue con motivo de la celebración del Centenario del nacimiento del autor en Guadalajara, compromiso adquirido con Emilio Herrera y la Fundación José Herrera Petere de dicha ciudad. Tuvo una gran repercusión y, en el Congreso celebrado dos días después, Carlos Javier, como representante del grupo de teatro y Salvador Esteban, (realizó una ponencia sobre la obra Carpio de Tajo) recibieron toda clase de parabienes y felicitaciones de las personalidades allí presentes.
Para los que hayan disfrutado de alguna de las representaciones, se habrán dado cuenta que es un texto muy complicado, y más para la mayoría de los entusiastas cómicos aficionados que, como yo, nunca nos habíamos visto en otra. Esperamos que el espíritu de la obra, haya calado culturalmente en nuestro pueblo y, lo mismo que estamos orgullosos de nuestras canciones y bailes típicos que dan a conocer Vigüela o Aires de Ronda, o nuestro genuino vocabulario, podamos decir también que tenemos una obra de teatro con el nombre del pueblo. Esto es lo que se pretendía. Tampoco quiero decir que seamos Fuenteovejuna o La Puebla con su Celestina pero… ¿Por qué no? Es sólo CULTURA.
Quiero terminar recordando a José Herrera Petere que, gracias a su obra, hemos podido llevar acabo este periplo. Y pido perdón, por no haber sido capaz de conseguir, al menos, una placa en su memoria en el Teatro del pueblo; aquí los obstáculos fueron insalvables. Ricardo Plaza Serrano Marzo 2010
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